
Este es un fin de semana extra large que, parece, no me pertenece. Yo tendría que estar laburando, como el 24 de diciembre, como el 24 de setiembre que acá es feriado porque sacan a pasear a la virgen, como el 8 de diciembre que parece que se la saca a pasear por todo el país. Yo tendría que estar laburando, me dice y me redice una amiga, en joda-joda, pero en serio-serio. Si yo soy atea: ¿por qué hago usufructo de los feriados tan limpiamente ganados por la grey católica? Si yo no creo en Jesús: ¿por qué armo el árbol de Navidad (que de cristiano no tiene ni las raíces) y encima no voy a trabajar el 24? Si menefrega la religión: ¿por qué regalo huevitos de Pascua y los reyes magos siempre vinieron para mis agnósticos hijillos? Me hace sentir como una usurpadora, más o menos como la que nunca hizo huelga y se embolsó sin chistar todos los aumentos conseguidos. Más o menos como el que no puso un mango para el regalo de casamiento, y en la fiesta se morfó todo.
Todos los años lo mismo, todos los años la atea que se aprovecha de los feriados exclusivos del mundo eclesiástico.
Por eso voy a apoyar con todo el proyecto de ley que separa por fin la religión católica del Estado Argentino. Cada uno por su lado. Amplitud de criterios. Basta de feriados nacionales que responden a una religión determinada (o, en su defecto, incorporemos para todos, digo para todos, la pascua judía, el año nuevo chino, el ramadán, etc. etc. y ni te cuento las festividades aborígenes, que son las únicas que deberían tener derecho a estar).
Porque, en última instancia, estos feriados que estoy usufructuando me salen un alguito caros: de mi bolsillo ateo, con mis impuestos agnósticos, los estoy manteniendo a toda esa caterva de cuervos que hoy creen que se lavan el alma porque fueron a hacer que le lavaban las patitas a tres enfermos del Borda.
Así que ya lo sabés, vos que me recriminás que disfruto de feriados inmerecidos: la Iglesia se ha apropiado (qué término, eh) de mi derecho a trabajar en esos días.