
No es el viento. No es la sequía recurrente. No es la proximidad de la valiente muchachada de la Armada. No es el Quinto Cuerpo y la Escuelita. No es el Polo Petroquímico. No es la ría contaminada. No es la tilinguería que inunda las calles. No. Es esto lo que hace insalubre la vida por estos parajes. Y es sólo una muestra de lo mucho que todavía queda por debatir. Para ustedes, muchachis, que opinan que la democracia es tranquilidad de agua de estanque, silencio de los inocentes, consenso amplísimo hasta con nuestros enemigos. Para ustedes. Para que me expliquen cómo, todavía, tenemos que lidiar con ciudadanos notables, editorializando con semejante odio elitista.