Caminante no hay camino.....


contador

martes, 29 de junio de 2010

Dura lex...¿sed lex?


¿Tenés algún hijo o hija estudiando Derecho? Mmmmmm. A mí me daría vergüenza que terminaran en ESTO. O que avalaran ESTO . Bariloche, Ernestina, monopolio, Justicia nunca investigada....Todo cierra.

Te lo digo otra vez: ¿Doctores en Derecho? Mmmmmm...

sábado, 26 de junio de 2010

Dieguito armando....


Qué cosa los periodistas. Qué cosa los futboleros. Qué cosa los opinólogos. Qué cosa los argentinos. Otra vez todos ellos armando a Maradona. Lo cortamos en pedacitos y lo volvimos a armar. Lo insultamos, lo negamos, lo despreciamos. Y de nuevo lo endiosamos. Qué cosa. Sólo un mortal, un pibe de Villa Fiorito. Uno de nosotros.


Dieguito
José Pablo Feinmann


Según su padre, que tal vez lo odiara, Dieguito era decididamente idiota. Según su madre, que algo había accedido a quererlo, Dieguito era sólo un niño con problemas. Un niño de ocho años que no conseguía avanzar en sus estudios primarios -había repetido ya dos veces primer grado-, taciturno, solitario, que apenas parecía servir para encerrarse en el altillo y jugar con sus muñecos: los cosía y los descosía, los vestía y los desvestía, vivía consagrado a ellos. Un idiota, insistía el padre, y un marica también, agregaba, ya que ningún hombrecito de ocho años juega tan obstinadamente con muñecos y, para colmo, con muñecas. Un niño con problemas, insistía la madre, no sin deslizar en seguida alguna palabreja científica que amparaba la excentricidacl de Dieguito: síndrome de tal o síndrome de cual, algo así. Y no un marica, solía decir contrariando al padre, sino un verdadero varoncito: ¿acaso no amaba el fútbol? ¿Acaso no se prendía a la tele siempre que Diego Armando Maradona aparecía en la mágica pantalla haciendo, precisamente, magia, la más implacable de las magias que un ser humano puede hacer con una pelota? Dieguito se deslizaba por la vida ajeno a esos debates paternos. Se levantaba temprano, iba al colegio, cometía allí todo tipo de errores, torpezas o, siempre según su padre, imbecilidades que luego se expresaban en las estólidas notas de su libreta de calificaciones, y después, Dieguito, regresaba a su casa, se encerraba en el altillo y jugaba con sus muñecos y con sus muñecas hasta la hora de comer y de dormir.
Cierto día, un día en que incurrió en el infrecuente hábito de salir a caminar por las calles de su barrio, presenció un suceso extraordinario. Fue en un paso a nivel. Un poderoso automóvil intentó cruzar con las barreras bajas y fue arrollado por el tren. Así de simple. El tren siguió su marcha de vértigo y el coche, hecho trizas, quedó en un descampado. Dieguito no pudo dominar su curiosidad. ¿Quién conduciría un coche tan hermoso? Corrió -¿alegremente?- a través del descampado y se detuvo junto al coche. Sí, estaba hecho trizas, negro, humeante y con muchos hierros retorcidos y muchísima sangre. Dieguito miró a través de la ventanilla y se llevó la sorpresa de su corta vida: allí dentro, algo deteriorado, estaba él, el hombre que más admiraba en el mundo, su ídolo.
Una semana después todos los diarios argentinos dedicaban su primera plana a un suceso habitual: Diego Armando Maradona llevaba más de diez días sin acudir a los entrenamientos de su equipo. Hubo polémicas, reportajes a variadas personalidades (desde ministros a psicoanalistas y filósofos) y conjeturas de todo calibre. Una de ellas perseveró sobre las otras: Diego Armando Maradona había huido del país luego de ser arrollado por un tren mientras cruzaba un paso a nivel con su deslumbrante BMW. ¿A dónde había huido? Muy simple: a Colombia, a unirse con el anciano y desfigurado Carlos Gardel, quien aún sobrevivía a su tragedia en el país del realismo mágico. Ahora, desfigurados horriblemente, los dos grandes ídolos de nuestra historia se acompañaban en el dolor, en la soledad y en la humillación de no poder mirarse a un espejo. Ellos, en quienes se había reflejado el gran país del sur.
En medio de esta tristeza nacional no pudo sino sorprender al padre de Dieguito la alegría que iluminaba sin cesar el rostro del niño, a quien él, su padre, llamaba el pequeño idiota.
¿Qué le pasaba al pequeño idiota?, le preguntó a la madre.
"No sé", respondió ella. "Come bien. Duerme bien." Y luego de una breve vacilación -como si hubiera, demoradamente, recordado algún hecho inusual-, añadió: "Sólo hay algo extraño". "Qué", preguntó el padre. "No quiere ir más al colegio", respondió la madre.
Indignado, el padre convocó a Dieguito. Se encerró con él en su escritorio y le preguntó por qué no iba más al colegio. "Dieguito no queriendo ir al colegio", respondió Dieguito. El padre le pegó una cachetada y abandonó el escritorio en busca de la madre. "Este idiota ya ni sabe hablar", le dijo. "Ahora habla con gerundios." La madre fue en busca de Dieguito. Le preguntó por qué hablaba con gerundios. Dieguito respondió: "Dieguito no sabiendo qué son gerundios". Transcurrieron un par de días. Dieguito, ahora, ya casi no bajaba del altillo. Sus padres decidieron ignorarlo. O más exactamente: olvidarlo. Que reventara ese idiota. Que se pudriera ese infeliz; sólo para traerles desdichas y papelones había venido a este mundo. Sin embargo, hay cosas que no se pueden ignorar. ¿Cómo ignorar el insidioso, nauseabundo olor que se deslizaba desde el altillo hacia el comedor y las habitaciones? ¿Qué diablos era eso? ¿A quién habrían de poder invitar a tomar el té o a cenar con semejante olor en la casa? Decidieron resolver tan incómodo problema. "Esto", dijo el padre, "es obra del pequeño idiota". Llamó a la madre y, juntos, decidieron emprender la marcha hacia el altillo. Subieron la estrecha escalera, intentaron abrir la puerta y no lo consiguieron: estaba cerrada. " ¡Dieguito! ", chilló el padre. " ¡Abrí la puerta, pequeño idiota!" Se oyeron unos pasos leves, giró la cerradura y se abrió la puerta.
Dieguito la abrió. Sonrió con cortesía, dijo "Dieguito trabajando", y luego se dirigió a la mesa en que yacía el ídolo nacional ausente. Sí, era él. El padre no lo podía creer: no estaba en Colombia, con Gardel, sino que estaba ahí, sobre esa mesa, y el olor era insoportable y había sangre por todas partes y el ídolo nacional ausente estaba trizado y Dieguito, con prolija obsesividad, le cosía una mano (¿la mano de Dios?) a uno de los brazos. Y la madre lanzó un aullido de terror. Y el padre preguntó: "¿Qué estás haciendo, grandísimo idiota?" Y Dieguito (oscuramente satisfecho por haber sido, al fin, elevado por su padre a los dominios de la grandeza) sólo respondió: -Dieguito armando Maradona.

lunes, 21 de junio de 2010

Primer año


Che, casi se me pasa el aniversario. Yes...hace un año que escribo este bloguito. Me acuerdo de la gripe china, las vacaciones forzadas, yo caminando a la siesta en el Parque Independencia...Había empezado a leer el blos de la Nilda. Y me dije...¿por qué no? Las frases de Althusser y Sartre ya me daban vueltas hacía un tiempo. Me dije...un blos que hable de lo que leo, que es como decir lo que pienso y lo que siento. Porque las lecturas no son inocentes, como no lo son ninguna de nuestras supuestas libres elecciones. Y hablando de elecciones...Faltaba ahí para llegar al 28J. Y yo ya estaba repodrida de escuchar, escuchar, escuchar y nunca poder decir...Tonce dije...voy a decir en un blos. Que nadie va a leer, salvo la Nilda y alguno más por ahí.

¡A la pipeta! fue un dicho que me gustó siempre. Y su remedo negrolmediano ¡A la pipetuá!. Bueno, metámosnos en el Google y veamos cómo es esto del blog.
Mes amis. No pude parar. Y la primera vez que me ví en el blogroll (qué, no sé siquiera si se dice así) de tipos grossos como el Goliardo, como la República Unida de la Soja, como el Pensando la Argentina, como el Sidra, pan dulce y alpargatas, y todos, todos los que también están ahora en mi blogroll, el sillón de la compu me resultó chico pa mi orguyo. Che, ¡a la pipeta!, estoy ahí.
El otro día se hace mi seguidora y comenta el post del bombardeo a la Plaza nada menos que la Tani, sí, la de Aluvión Zoológico. No lo podía creer. Una mostra como la Tani...
Así que deben ser los manes que convoqué como padrinos de esta pipeta argentina: el Che y el Julio...A los que vuelvo siempre que puedo,porque querer, querría siempre. Pero no es cuestión, vio, doña Rosa, de atiborrar al auditorio.
Acá estamos entonces, con una caterva (como decía el viejo Filloy) de amigotes de la blogósfera, a los que dedico este primer año. Con veinte mil, yes!!!, veinte mil visitas , con cuarenta y nueve que me hacen el aguante, con casi trescientas entradas...A la merde, che. Los espero en la partusa. Ya saben que nosotras, las chicas de la Fede, traemos los lentos.

domingo, 20 de junio de 2010

Belgrano


No tuvo suerte Manuel Belgrano. Tiene menos estatuas que el Zorro y que el Padre de la Patria. Se quedó en el billete de 10 pesos, cuando tendría que estar, por lo menos, en el de cincuenta. Algunos se ríen todavía de su sobrenombre. "Cotorrita", por los abalorios verde cotorra que solía agregar a su traje militar, o quizá por esa voz finita que contrastaba con la del Indio. Porque el Indio hubiera hecho muy buen papel en las óperas de Europa, tan buena voz tenía: metálica, militar, fuerte...Cotorrita no. Cotorrita no era militar. Siempre me gustó poner énfasis en el hecho de que fue militar por obligación. Era abogado, era economista, era uno de los ideólogos fundantes de la Revolución de Mayo. Hizo propio el dicho: "lo que digo con la boca lo defiendo con el cuero".
Y era, ante todo, un tipo para el que la educación significaba el pilar fundamental de la República. Lugar a donde iba, lugar en el que, con cara inquisitorial, interrogaba sobre la cantidad, calidad de las escuelas, si es que las había. Cómo lo habremos ninguneado que la guita que dejó para las escuelitas del norte la gastamos alegremente y le pagamos la deuda a Manuel casi dos siglos después.
Imaginátelo. Imaginátelo con esa juventud revolucionaria reunida en lo de Vieytes. Con el flaco Moreno y su primo Castelli; con French y Berutti, a los que no se los podía parar ni con bolsas mojadas. Parecía que el Manuel era el más temeroso de todos. Parecía.
Se jugó todo. El prestigio, la guita, y casi casi el recuerdo...Nos enseñaron en la escuela que no tenía un mango para pagarle al médico y le dio su reloj. Que cuando lo enterraron en Santo Domingo ni lápida había, y su hermano salió corriendo a buscar la tapa de mármol de la cómoda que había sido de su madre. Que antes de morir el pobre dijo: "¡Ay, patría mía!", porque algo había que hacerle decir al muertito. Que en los 80, esa generación de preclaros hombres patrios, exhumaron sus huesitos para construir el mausoleo en el atrio. Y que dos afamados ministros se guardaron los dientes en el bolsillo. Graciadió unos periodistas se dieron cuenta. Y los ministros tuvieron que devolverlos. ¡Los dientes de Belgrano!
Siempre estuvo opacado por el aura dorada del Indio. Claro, el Padre de la Patria opaca a cualquiera, che. Pero sería hora de que empezáramos a ponerlo un poco más cerca. El que hizo la bandera, sí, esa bandera que no copió del cielo como nos decía Martha Salotti en el libro de lectura El árbol que canta. La bandera azul, azul dije y blanca que la historia fue destiñendo de a poquito. La bandera que hizo jurar y jurar mientras se comía los retos de la paqueta Buenos Aires.
Tuvo más derrotas que victorias. No cruzó montañas. No lo levantó lo suficiente la historia oficial.
Pero, qué sé yo... Hoy, en el día del padre, ¿no te hubiera gustado tener un padre como Cotorrita?.

sábado, 19 de junio de 2010

Frío y bohemia


Leyendo hoy el blos de la sirena, que ahora se castiga con amarula y dejó el vodka,me encuentro con el afamado comentarista Orasio Estevan Hálvares. Y como dice la sirena, el signore Fróid nos sigue por ahí, marcando de cerca. Orasio me trae a César Bruto, Fróid nada menos que al frío. Que hoy es un día así, putamente frío y lluvioso. Y la lluvia me se trae a lo bohemio, que anclao en Parí, sufrían temblando. Señora y Señore, con ustede el tesssto susodicho:


"...Cada ves quenpiesa a venir el fresquete y uno presisa ponermás cobijas y reforsar la comida y mandarse alguna copa de algo que raspe para que le venga la calor por adentro, yo menrrecuerdo de los pobre bohemiO que viben arriba de una buardilla, todos tiritando de frío, con el viento que les entra por todos los augeros de la paré, el agua que filtra por el techo, la niebe que senchufa por los vidrio roto...y, sin tener un triste pedaso de pan o de quesO para comer, endemientras que afuera, envueltos en sendas pieles y autos de lujo, rechondos de soculentos cabiares, malionesa de langostA y fine chanpane francais estrangero, los chanchos burguéS se rien con sus 2 mandíbula batiente y silban una canción ordinaria endemientras chupan un sigarro grande, caro y dibno de mejor causa, ¡Así es la vida del mundO, y así es el pago que le da la jente a los artistA que se sacrifican y se mueren de hambre, en lugar de agarrar y ir a trabajar por egenplo de mosoS labacopa en una tenporada de maR del platA y ganar sus buenos sinco a 6 mil $$$$$ con los cual conprarse un terrenito y venderlo a los 3 mes en 15 ó 20 miL, y despué comprar tirantes de fierrO en linieR y venderlo en barracA, ganando el siento mil quiniento por siento, o sea de que ante de un ánio el tipo no se deja cortar la cabesa por meno de 2 ó 3 miliones de $$$$$! Por eso yo, al ques boemiO le saco el sonbrero y lo almiro, y si un día tengo plata de sobra lo primero que hago es construir una buena casa de alto con muchas buardilia con lindas ventana, bastante calefasión para el inbiernO, uno heladera de cubitos para el veranO y una despensa siempre cargada de cosas de comer a todo pasto. ¡Cuesta tan poco haser felis a la jente!..."


CÉSAR BRUTO, en El libro de Buenos Aires, compilado por Álvaro Abós.


Para finalisar la recordasión de lo boemios, el Charles, oui, el Charles Aznavourian.... (a la merde, que eran sufrido los tipo que praticaban la bohéme).


Saludo a la bandera

Hubo un tiempo, mucho tiempo, en el que decir "esto es un saludo a la bandera" era significar mero formalismo, cumplir sin cumplir, aparentar lo que no vas a hacer o ser...Era el rechazo, tal vez, de tanta marcha militar, de tanta bandera saludada compulsivamente, de la apropiación de esa bandera que saludábamos con todo el corazón en la primaria.
Era un "saludo a la bandera" hacer que....y no hacer nada. Triste. Patético.
Y hubo un tiempo en que nos tuvimos que guardar la bandera porque de lo contrario nos identificaban con quienes no queríamos identificarnos. Porque parecía que los dueños del campo eran los dueños de la patria, de la bandera, de la escarapela, del himno. ¡Cómo le vamos a dejar a la zurda todos los símbolos de los padres fundantes!
Y a veces, muchachis de la zurda, hagámosnos un mea culpa...Más de una vez, como la Betty Sarlo, nos negamos a cantar el himno, a usar la escarapela, a valorar la bandera, por ese concepto torcido del internacionalismo proletario.
Tonce hoy, che, permítanme volver a cantar con este Salve Argentina que los pibes del 58, en el patio de la escuela 2 de Punta Alta, saludábamos a la bandera a las cinco de la tarde (a las cinco, ni a las cinco y diez ni, como ahora, a las cinco menos cuarto) , viéndola bajar de ese mástil que nos parecía enorme, gigante..
Permítanme decir que la bandera es nuestra, que la recuperamos, que no la vamos a regalar, que estamos orgullosos de ella. Y aún más orgullosos cuando la vemos con las banderas hermanas, mezclada con la bandera aymara, con los símbolos mapuches, con la estrella cubana...
Así que, vamo a ponerno de pie, chichís. Vamo a ponerno de pie y a saludar a la celesteyblanca. Un día antes. No importa. La saludamos todos los días del año. Porque somos argentinos y latinoamericanos.

viernes, 18 de junio de 2010

Chau, José


Encontrás necrológicas por todos lados hoy. Resulta que el Pepe Saramago era de puta madre para todos. Aún los que deberían esconder la cabeza entre los hombros si leyeran algunas de sus cosas. Pero, vio, vecina, queda bien ir al velorio del famoso aunque usté ni siquiera lo conozca, aunque usté ni siquiera comparta una mínima parte de lo que pensaba, aunque usté ni sepa qué puto libro escribió en su vida. Pero queda bien.
Por eso a mí no me da cosa, qué querés que te diga, decirle al Pepe chau desde mi bloguito. Porque lo he leído por años con una avidez que pocos me despiertan. Porque me encanta su estilo, la traducción que hace Pilar, tan impecable, tan sonora. Esos diálogos en los que no existen los guiones, ni los puntoyaparte, ni los puntoseguido.
Y me gustó siempre su polémica por las causas justas y, a veces, por las no tan justas. Porque un intelectual con las patas en el barro no siempre es infalible: porque es humano, porque es intelectual y, justamente, porque tiene las patas bien metidas en el barro...
Así que, como dice mi amiga la Nilda, aplaudamos todos para ayudarlo a subir al cielo. Capaz que el Julio ya le preparó el café de bienvenida, y don Mario se está sonriendo para poder charlar con él.