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sábado, 24 de marzo de 2012

El eucalipto no desapareció

Esta ahí, solo, rodeado de tierra removida, encerrado por esas cintas rojiblancas que preservan el lugar en que se investiga. Hasta hace muy poco, también solo, lo acompañaba el pasto alto y alguna que otra montañita de escombros.
Está ahí desde siempre, contra el cielo que hoy brilla. Estuvo ahí en las noches de invierno, en las heladas, en los calores. Pudo haber desaparecido él tambien. Pero no....
Tiene en su memoria el eucalipto esa casita a la que solía hacerle sombra, a la que le regalaba el rumor de sus hojas en el viento bahiense. Tiene en sus oídos las charlas del casero, el mugido de las vacas, el sonido de las fanfarrias allá lejos ensayando un desfile, el gemido del molino.
Tiembla a veces el eucalipto cuando recuerda. El abandono de la casa, sus nuevos habitantes, los gritos en la noche, las nubes del sufrimiento que a cada hora subían a sus ramas, el molino maniatado para que no gimiera también él.
Y está ahí, solo, como esperando a que alguien le pregunte, testigo mudo de la ignominia. Porque también él tiene tanto para contar. Porque su tristeza también fue infinita. Porque vio, porque escuchó, porque olió.
Y porque durante tantos años esperó con esa empecinada quietud de árbol. Con esa certeza, con esa firmeza viendo pasar inviernos, veranos, olvidos, demoliciones que a su alrededor pretendían borrar el crimen destruyendo los ladrillos.
Y esperó...Esperó para ver hoy, también solo, cómo la tierra que lo nutre devuelve los indicios, las pruebas. Un trapito, algún botón, el pedazo de alguna carta, metales, envases de remedios, plásticos....La tierra los devuelve. Los devuelve después de haberlos atesorado en su inmensa sabiduría.
Por eso el eucalipto, que bebió durante tanto tiempo esa amargura, también quiere devolver algo de lo que su tronco y sus hojas guardaron.
Y lo hace, meciéndose lentamente en la brisa. Lo devuelve en sombra para quienes investigan bajo sus ramas. Lo devuelve en pájaros. Lo devuelve en rayos de sol que juegan entre lo verde. Lo devuelve porque, después de todo, es la vida la que triunfa sobre la muerte. Es la vida la que ahora lo rodea. Es la vida la que empuja hacia la justicia.

(El eucalipto se encuentra al costado de las ruinas, hoy preservadas, de la que fuera La Escuelita, Centro Clandestino de Detención y Tortura en el Quinto Cuerpo de Ejército de Bahía Blanca, cuyos militares son juzgados por crímenes de lesa humanidad. El terreno está siendo investigado por un equipo multidisciplinario que ha encontrado, hasta el momento, numerosas pruebas que confirman las declaraciones de las víctimas sobrevivientes,)

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