Caminante no hay camino.....


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viernes, 20 de agosto de 2010

¿Qué tren?


Al final lo dijo. El niño Maurizio. Y lo ratificó con los dientitos llenos de rabia su delfín en el Congreso. Mezclando la imagen del que se cae o lo caen del tren de la historia, con la defenestración casi medieval con la que en los cónclaves políticos se castigaba a los indóciles: así de fácil, tirándolos por la ventana, que eso viene a ser la defenestración.
Y el niño unió las dos cosas, aunque suene raro eso de la ventana del tren. Será porque él nunca lo utilizó. Será porque en su niñez se perdió el invalorable traquetreo que te acompaña mientras vas durmiendo.
Y se metió con la imagen que lo va a hundir solo. Porque, qué cosa, del tren se fueron cayendo, arrojados por la globalización, los miles de argentinos que habían escuchado y creído en el salariazo. Al tren tan veloz del menemismo se quedaron muchos esperándolo en las estaciones cerradas. Y el otro tren, ese que ya no tuvo vías, porque "ramal que para...ramal que cierra". Así que ya hubo un tren que arrojó argentinos por sus ventanillas, Maurizio, ventanillas. Hubo un tren al que no pudieron subir los que hicieron todos los esfuerzos, y del que se tuvieron que bajar también los que hicieron todos los esfuerzos.
¿A ese tren se estará refiriendo el niño? ¿ Al tren de su propiedad? ¿Al tren de la restauración neoliberal?
Indudablemente. En ese tren el kirchnerismo no tiene lugar, porque en ese tren no se lo aguanta más, porque, como dijo Pinedo, largentina, como lagente, ya no aguanta más.
Pero nadie le dijo al niño que ese es justamente el tren que no termina de ponerse en marcha. El tren de los presidenciables opositores. De ahí no vas a poder arrojar al vacío (qué intención violenta, si la hay) a ningún K. Sencillamente porque no están ahí.

Fijate, cuchá, a veces parece la vieja locomotora a vapor de los 50 de nuestra infancia de niños privilegiados. A veces parece que ves la luz poderosa de la Diésel allá lejos en la curva antes de que escuches su voz de sirena en la noche, la Diésel entrando con toda su majestuosidad en la estación en la que montones esperan con sus valijitas.
Y es todas esas cosas. Capaz que tiene los vidrios de las ventanillas, Mauri, sucios, empañados. Por eso no pudiste ver que adentro está lleno, y sin embargo no deja nadie a pie. Nadie que quiera subirse, ¿viste?. Y encima tampoco expulsa. Es un tren que va andando con toda la polenta de los viejos y gloriosos Ferrocarriles Argentinos. Que capaz que no anda tan rápido como nos gustaría. Que capaz que todavía no pasa por todos los lugares que nos gustaría que pasara.
Pero es inexorable. Y a medida que se llena de pasajeros, se ensancha. Y las ventanillas se abren para disfrutar, no para arrojar a la gente.
No sé si es el tren de la historia. Es el tren que nos estamos tomando. Es el tren por el que soñamos más de una vez.

Que te quede claro, niño. NO es tu tren. Vos quedate con el de la Costa, que te va mejor. Eso sí. Tené cuidado. No te pongas cerca de las ventanillas, o de la puerta, o del paso entre un vagón y otro. Algunos de los que se subieron con vos, tienen unas ganas de detrenizarte (o sea, arrojarte del ídem). Porque los niños ricos nunca comparten su tren, ¿no lo sabías?
"Pueden venir cuantos quieran
que serán tratados bien.
Los que estén en el camino
bienvenidos al tren ..."

2 comentarios:

  1. excelente...
    lo de tren fue inspirador parece,recibi un mail desde Mendoza ,lealo en mi blog esta muy bueno

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